¿MELQUISEDEC ERA JESUCRISTO PRE-ENCARNADO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO?

El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: “Tú eres sacerdote para siempre,

según el orden de Melquisedec“. (Salmos 110:4)

Pocos personajes en la Biblia son tan oscuros como Melquisedec. Su vida está rodeada de misterios: No tiene padre ni madre ni genealogía; no tiene comienzo ni fin, pero a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote para siempre. (Hebreos 7.3)

Hay sólo tres libros que le hacen menciones en la Biblia (Gn 14.18-20, Sal 110.4, Hb 5-7), y con informaciones no muy precisas, pero suficientes para apartarnos de la posibilidad de ser una manifestación cristofánica en el Antiguo Testamento.

La única mención histórica de Melquisedec está en Génesis, cuando vino al encuentro de Abraham que le ofreció diezmos y a quien dio su bendición sacerdotal. Las demás menciones en Salmos y Hebreos son teológicas, no añadiendo nada sobre el perfil de Melquisedec (una excepción, tal vez, para Hebreos 7.3). Según Génesis 14.18-20 (solo en 3 versículos!), Melquisedec:

-Era rey de Salem (probablemente antiguo nombre de Jerusalén), en una época en que cada ciudad solía tener su propio rey y su independencia política.

-Era sacerdote del Dios altísimo (por lo tanto, primer sacerdote temente a Dios de que se tiene información, contemporánea del patriarca Abraham, y que no pertenecía a los descendientes de Leví, hasta porque incluso éste ni siquiera había nacido, y menos aún Aarón y sus hijos que, constituyeron el sacerdocio levítico de Israel).

-Ofreció pan y vino a Abram cuando éste volvía de una pelea contra los reyes que habían tomado Sodoma y Gomorra y llevado cautivo a Lot, su pariente.

-Bendijo a Abram y lo reconoció como siervo del mismo Dios altísimo

-Recibió diezmos de Abraham de los bienes que éste había recobrado de los enemigos

La mención a Melquisedec en el libro de los Salmos es mesiánica y demuestra cómo la memoria de aquel hombre que bendijo a Abram fue preservada y enaltecida por Dios: “El Señor ha jurado y no cambiará de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre,
según el orden de Melquisedec»“. (Sal 110.4). A nadie más, sino a Jesús, este texto puede ser aplicado. Después de todo, ni David fue sacerdote, ni los sacerdotes de Israel fueron “según el orden de Melquisedec”.

Si existieron otros legítimos sacerdotes reconocidos por Dios en el mismo orden de Melquisedec en su tiempo y antes del establecimiento del sacerdocio levítico, no lo sabemos. Pero sabemos con toda certeza que Jesús es “sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Hb 5.10, 6.20).

La referencia a Melquisedec en la carta a los Hebreos – único libro neotestamentario que lo cita – es tipológica y tiene tanto en el texto de Génesis y en el de Salmos su base histórica y teológica. Es decir, Melquisedec es tomado como un tipo de Jesús, alguien cuyas características le asemejan a Jesús y lo representa anticipadamente.

Sin embargo, como ningún tipo (lo que representa) es al mismo tiempo el antitipo (lo que está representado), entonces ya descartamos la posibilidad de Melquisedec ser al mismo tiempo un tipo de Cristo y el mismo Cristo.

Ninguno de los autores del Nuevo Testamento ni siquiera cita a Melquisedec, a no ser el autor de la carta a los Hebreos. Y cuando éste lo hace, jamás trata Melquisedec como una visión de Cristo pre-encarnado. Y hay una razón muy obvia para esto: Melquisedec era rey y sacerdote literalmente hablando; Jesús, sin embargo, jamás podría ser rey y sacerdote sin antes pasar por la cruz, en cuya muerte cumplió toda la justicia de Dios, y demostró sumisión al Padre, que “lo exaltó soberanamente y le dio un nombre por encima de todo nombre” (Flp 2.9,10).

Jesús siempre sería Dios, sin embargo sus oficio de rey y sacerdote le son atribuidos en razón de su perfecta obra vicaria (Heb 2,10, Ap 5.9,10). Además, según Hebreos 7.3, Melquisedec fue “hecho semejante al Hijo de Dios“. Es decir, SEMEJANTE, y no el PROPIO Hijo de Dios.

Melquisedec fue Melquisedec. ¡Jesús es Jesús! Y por ocasión de la resurrección de los justos, conoceremos personalmente a nuestro hermano Melquisedec y, distintamente, a nuestro Señor Jesús.

Por Tiago Rosas. Traducido del portugués.

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