“EL SEÑOR”

Al declarar su nombre al pueblo, Dios quería revelarles su carácter más íntimo. En términos lingüísticos, el nombre “SEÑOR” se relaciona con el verbo «ser – existir».
Este verbo no significa simplemente «existir», sino «estar activamente presente».

El «Señor» es el Dios activamente presente entre su pueblo. Pero Dios decidió revelar eso en una ocasión en que ellos necesitaban ser redimidos, pues se encontraban en la situación de esclavos condenados.

“…este es mi nombre eterno; este es mi nombre por todas las generaciones.” (Ex 3:15)

En otras palabras, la noción de «presencia activa» nos dice que Dios está con nosotros a todo momento.
Al elegir el tiempo del éxodo para revelar el significado de su nombre, El Señor se identificó como el Dios que salva a su pueblo y derrota a sus adversarios.

En la base de su auto-revelación como El Señor está la santidad de Dios, que se manifiesta en santo rescate y ira santa con ocasión de la Pascua.

“…y pasando delante de él, proclamó: ―El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad, que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y la cuarta generación.” (Ex 34:6-7)
“¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar.” (Mq 7:18)

Los textos mencionados muestran de una manera bien clara, la comprensión que, en el tiempo del AT, tenían sobre el carácter que ese nombre revela.

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